‘BPM,’ Ganador del Gran Premio de Cannes, Una Mirada Asombrosa en la Lucha Contra el SIDA

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Nota del Editor: Christophe Martet — corresponsal europeo de Hornet, con sede en París — fue miembro de la organización activista del SIDA Act Up-Paris en los 90, que es el tema de la nueva película desgarradora de Robin Campillo, 120 battements par minute (título estadounidense: BPM).

Martet vio la película en Cannes, donde recibió aclamación crítica y pública y ganó el Gran Premio (el jurado de este año fue dirigido por Pedro Almodóvar) y Queer Palm, que fue patrocinado por Hornet.

Aquí ofrece sus impresiones personales y pensamientos.

El misterio mágico del cine es que cuando amas con pasión una película, es frecuentemente porque sientes que el cineasta la hizo solo para ti. Incluso si los personajes no se parecen a ti — si la historia es muy diferente a ti — de repente te das cuenta por un detalle que te sorprende que la película corresponde exactamente a tus emociones.

Esto es aún más cierto cuando la película en cuestión se sumerge en una historia que has vivido. ¡Y qué historia! La creación y el surgimiento de Act Up-Paris en los 90 fue una experiencia inaudita, única, fuerte y violenta compartida por miles de activistas. Dejo a los investigadores e historiadores que nos recuerden las luchas de Act Up y los cambios que este grupo ha hecho posible en la lucha contra el SIDA.

Pero permítame aclarar algo desde el principio, para disipar cualquier malentendido: no tengo nostalgia por este período de alta intensidad, cuando nuestros amigos y familiares murieron en números grandes. Créeme, hay cosas mejores que hacer que pasar la vida entre hospitales y cementerios. La primera característica notable de BPM, la nueva película del director gay Robin Campillo, es que no se regodea en nostalgia. La acción de la película tiene lugar hace 25 años, pero no estamos en una reconstitución del tiempo. Estamos en el momento en que se hace la historia.

Una verdadera fuerza de la película es que es precisa y justa, y Campillo muestra las contradicciones, las disputas y las divergencias en los puntos de vista de la época. Act Up-Paris es ante todo una reunión de individualidades, personalidades, hombres y mujeres que no se hubieran conocido si el SIDA no hubiera existido. Es por una multitud de pequeños detalles — todos basado en los hechos — que Campillo logra en esta película hacer palpables las emociones que construyeron Act Up. Cada individuo estaba allí porque, como muestra Campillo, somos más fuertes como grupo.

En ningún momento durante la película sentí que Campillo hubiera inventado algo, a pesar de que cada escena era ficción.

En esta película emocionante, Campillo lo muestra todo: sangre, sexo, cuerpos alternados en momentos de tensión, escenas de infinita gentileza. Gritos, susurros, lágrimas y risas. La película te lleva en un recorrido.

Campillo también respeta a las actrices y actores que están completamente comprometidos. En el puesto del jefe de Acción Pública — una misión de la mayor importancia estratégica para un grupo activista — la actriz lesbiana Adele Haenel expresa una diversidad de estados increíbles. ¿A veces el oficial encargado de la acción pública tuvo miedo de una manifestación? Sí, ciertamente, como todos nosotros. Haenel parece vivir este miedo. En Act Up, principalmente son las mujeres — lesbianas o no — quienes dirigieron la acción pública. A la vez fuertes y más organizadas, dieron toda su energía, sin el ego a veces mostrado por los hombres. La cara de Haenel durante una escena — marcada por la tristeza, casi sin aliento — te sigue mucho después de que termina la película.

En este punto, podrías decir a tí mismo, “OK, este periodista vivió la historia de la película así que, por supuesto, resuena con él. Pero, ¿cómo me afecta a mí? Sintiendo las reacciones de la sala de 900 asientos dónde vi la película durante el Festival de Cannes, la historia de 120 battements par minute toca mucho más allá de los que vivieron a través de este tiempo. En mi opinión, estos personajes se enfrentan a situaciones que son experimentadas por tantos otros: “¿Qué haría si hubiera contraído la enfermedad? ¿Qué haría para ayudar a un ser querido? ¿Cómo me comportaría ante la injusticia, la negación y la discriminación?” Pregunto, ¿a quién no le preocupan por todas estas cosas, excepto a quienes siempre han poseído todo y han reinado como amos absolutos?

Varios personajes están directamente inspirados por los militantes, pero el que más impresionó a Campillo, ya a mí también, es Cleews Vellay, el segundo presidente de Act Up, quien estuvo totalmente invertido en la organización hasta — literalmente — su último aliento. Tan pronto como el actor Nahuel Pérez Biscayart aparece en la pantalla, me di cuenta de que a través del personaje de Sean, Cleews no sería traicionado, distorsionado o disminuido. Me imagino que Campillo hizo imperativo respetar a este militante que nunca eludió y que luchó por prisioneros, trabajadores sexuales y drogadictos. La película es un hermoso homenaje a él.

En BPM, Campillo rechaza el afecto, el discurso, las grandes frases, todo a favor de las sensaciones, las reflexiones, las dudas y los sufrimientos de Act Up-Paris. Incluso el humor cáustico de la época se encuentra en los momentos más inesperados y trágicos de la película.

Esta película hace posible sentir la urgencia, la fiebre, la rapidez con que con demasiada frecuencia el SIDA atacó el cuerpo y mató a nuestros hermanos. De hecho, dejé la proyección devastado al principio. Pero Campillo me ha ofrecido las respuestas más bellas a mi dolor sordo y siempre presente. Su película reconcilia y restaura el valor, insinuándose en ti como una fuerza vital.

Puedes ver el tráiler de BPM (120 battements par minute) aquí:

Traducido por Gabriel Parra.

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